La palabra “inteligencia” proviene del latín intellgentia, proveniente del verbo intellegere (compuesto por las voces inter, “entre”, y legere, “leer”), y desde sus inicios se asociaba a “saber escoger”, en el sentido de comprender, o sea, de ser capaz de determinar los contextos y rescatar los significados.
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Factores genéticos. Propensiones hereditarias y facilidades innatas hacia algún tipo de inteligencia.
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Factores ambientales. Elementos vitales en el crecimiento del individuo, sobre todo en sus etapas tempranas, como son la nutrición, el entorno familiar adecuado, el acceso a la educación formal, y la motivación hacia el aprendizaje.
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