En la década de 2000, la aparición de los teléfonos inteligentes y las tabletas, junto con los avances en las tecnologías de redes, dieron lugar a la computación móvil. Dispositivos como el iPhone, lanzado en 2007 por Apple, y los sistemas operativos móviles como Android, permitieron a los usuarios realizar tareas informáticas complejas en cualquier lugar. Paralelamente, la computación en la nube permitió que los usuarios y las empresas almacenarán y procesarán datos en servidores remotos, cambiando la forma en que se gestionan y acceden a los recursos informáticos.