Rompe con las formas de narración tradicionales y se aproxima al género del ensayo, con una novela fragmentaria, que rompe las fronteras entre la realidad y la ficción; de hecho, las llamó “nivolas”. Destacan Niebla y San Manuel Bueno, mártir, que cuenta la historia de un cura de pueblo que ha perdido la fe, pero que, aparentando tenerla, desarrolla una actividad vivísima a fin de que sus feligreses mantengan sus creencias religiosas.