En Egipto, según Herodoto, había médicos especialistas por tipo de enfermedad (oftalmológicos, ginecológicos, etc.). Reconocían hernias, fiebres (paludismo), problemas oculares (tracoma, cataratas) y en momias se encontraron secuelas de viruela, polio y tuberculosis. Describieron cuadros clínicos similares a gonorrea, neumonía y apendicitis. Diagnosticaban diabetes y embarazo mediante análisis de orina (incluso el sexo del bebé). También identificaron problemas cardíacos y del estado de ánimo. La terapéutica combinaba magia con remedios vegetales (digital, ricino, opio, belladona, pan mohoso), minerales (cobre, antimonio, aluminio, carbón, hierro) y de origen animal (grasas). Importaban azafrán, salvia y canela. Usaban el antimonio y cobre en cosméticos con posible efecto antiséptico. Administraban medicamentos oral, cutánea, rectal y vaginalmente (tampón, baños de asiento). Practicaban sangrías, punciones y cauterización con hierro caliente. En odontología destacó Hesi-Ra. Se conocen siete papiros médicos, siendo el de Kahun sobre enfermedades de la mujer, el de Edwin Smith sobre cirugía y el de Ebers el más extenso (materia médica y magia). Imhotep, médico y visir, fue una figura clave, considerado arquitecto, poeta y escribano, y deificado tras su muerte, siendo asociado con el dios griego Asclepio.