Después de los 30, los niveles de testosterona disminuyen aproximadamente un 1% al año, lo que se relaciona con la pérdida de densidad ósea, masa muscular, menor energía, disminución del impulso sexual, sobrepeso, irritabilidad y ánimo deprimido. Además, niveles bajos de testosterona se asocian con diabetes, enfermedad cardiovascular y mayor riesgo de mortalidad.