A partir de la teoría de Locke, los filósofos ilustrados franceses formularon las ideas básicas de la doctrina política del liberalismo que se convirtió en el programa de acción de la burguesía revolucionaria. Sus principios básicos son: la soberanía nacional (el poder reside en la nación o conjunto de los ciudadanos, lo cual implica
la elección de un Parlamento representativo por parte de éstos y la limitación de las facultades de los reyes mediante Constituciones), la división de poderes (distinción o delimitación de competencias entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, tal como lo formuló Montesquieu) y la defensa de los derechos y libertades individuales (integridad personal, igualdad ante la ley, protección de la propiedad, libertad de expresión, de pensamiento, etc. Con los derechos civiles se sustituye el concepto de súbdito por el de ciudadano, sujeto que tiene unos derechos indispensables.