La Declaración de San Antonio, formulada en 1996, enfocó su atención en la autenticidad como un principio central en la preservación del patrimonio cultural. Esta declaración subrayó la necesidad de respetar y mantener la autenticidad de los monumentos y sitios históricos, evitando falsificaciones o interpretaciones excesivas. Se resaltó la importancia de comprender y considerar las dimensiones históricas, artísticas, sociales y espirituales de la autenticidad en el proceso de conservación. La declaración también reconoció que la autenticidad puede abarcar tanto lo tangible como lo intangible, incluyendo los valores y las tradiciones asociadas con un lugar. En última instancia, la Declaración de San Antonio reafirmó la autenticidad como un principio fundamental para lograr una conservación respetuosa y sostenible del patrimonio cultura