La reglamentación coactiva de la jornada de trabajo, su duración, pausas, momento inicial y final, el sistema de relevos para los niños, la prohibición de admitir en el trabajo a niños inferiores a cierta edad, etc., obligan a aumentar la maquinaria y a sustituir los músculos por el vapor como fuerza motriz
Con la rutina de la jornada ilimitada del trabajo, de la libre devastación de vidas humanas, todo lo que sea una traba espontánea y elemental puesta al fabricante se considera inmediatamente como una “barrera natural” eterna opuesta a la producción
Ningún veneno extermina las alimañas con más seguridad y rapidez que la ley fabril estas “barreras naturales”
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La reglamentación de la jornada de trabajo choca con los hábitos anormales de los propios obreros, sobre todo en las industrias en que impera el destajo y donde el tiempo perdido durante un día o una semana puede compensarse redoblando el trabajo después o trabajando por la noche, método que brutaliza al obrero adulto y aplasta a los obreros jóvenes y a las mujeres
Los capitalistas interesados presentan estos llamados "hábitos industriales" al igual que los obstáculos de orden técnico, como otras tantas “barreras naturales” de la producción
Por lo que se refiere a las formas intermedias entre la manufactura y el trabajo a domicilio y a este mismo en particular, su base se derrumba al limitarse la jornada de trabajo y restringirse el trabajo infantil. Su capacidad para competir con la nueva industria no tiene más base que la explotación ilimitada de fuerza de trabajo barata
Se va formando y disciplinando así, sistemáticamente, un ejército industrial de reserva siempre disponible, diezmado durante una temporada al año por el más inhumano yugo del trabajo y sumido en la miseria durante el resto del año por no tener en que trabajar