El niño que logra resolver sus conflictos edípicos conseguirá una organización del ego fortalecida; será una persona enriquecida, dispuesta a un crecimiento rápido y realista; tendrá una estructura defensiva bien organizada, capaz de mantener los limite funcionales entre los procesos primarios y los secundarios, pero sin distorsionar ninguna de las dos; tendrá un superego en maduración integrado, que le proporcione una fuente interna de autocontrol, autoestima e ideales. Mas tarde, cuando llegue a la pubertad y entre a la adolescencia estará mucho mejor capacitado para enfrentarse al resurgimiento de sus complejos edípicos.