Inicia a las 3-6h tras la muerte y es completa a las 8-12 horas, alcanzando su máxima intensidad a las 24 horas y desaparece a las 36-48 h. Suele iniciarse en músculos de la mandíbula inferior y orbiculares de los párpados; después afecta a la cara y pasa al cuello, invadiendo sucesivamente el tórax, los brazos, el tronco y, por último, las piernas; y desaparece en el mismo orden. Sin embargo, este orden de sucesión es muy variable, dependiendo de la posición del cadáver