"Aunque en nuestros días todas las ciencias humanas se ocupan del trabajo, el tema no fue objeto de reflexión filosófica hasta bien entrado el siglo XIX. El estudio del trabajo por parte de la teología inició el pasado siglo XX con las encíclicas papales, la teología francesa de las realidades terrenas, y, sobre todo, el documento conciliar Gaudium et spes. Su ubicación en el ámbito de la espiritualidad es más reciente e incide, obviamente, en la santificación de los fieles laicos. Aunque muchos no sean conscientes, el trabajo afecta a la persona en su interioridad: independientemente del producto, importa el cómo y el porqué de esa actividad. También el Catecismo de la Iglesia Católica afirma en el n. 2427 que «el trabajo puede ser un medio de santificación y de animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo». ¿Cómo se ha llegado a tal afirmación?" (P. 2)