Lo que más me llama la atención es que la vergüenza no es una emoción primitiva: a diferencia de la alegría, el enojo o el miedo, la vergüenza es más un sentimiento que una emoción; es decir es un proceso afectivo de intensidad menor y de duración más larga. La vergüenza podría ser considerada una mezcla entre el miedo, la tristeza y el desagrado. Si bien, se asienta sobre una necesidad primitiva: afiliación, asociación; el tipo de vergüenza más común es la vergüenza excesiva: vergüenza por el cuerpo o las habilidades propias, por el estatus socioeconómico, vergüenza por ser ignorante. Me produce gran curiosidad saber por qué estos tipos de vergüenza son tan comunes actualmente; por un lado, por supuesto, ciertos estatus socioeconómicos, ciertos tipos de cuerpos y una inteligencia o conocimiento amplio facilitan las capacidades de adaptación al medio y de preservación de una buena salud; sin embargo, creo que en mayor medida, es la industria y el capitalismo los que promueven la conducta del avergonzador y la del avergonzado, pues las inseguridades de este último lo llevan a buscar soluciones, soluciones que el mercado les ofrece; soluciones que pueden, perfectamente, ser beneficiosas para la salud física y mental del consumidor, pero soluciones que, al fin y al cabo, son un producto al que se accede con dinero