En la industria textil de Nottingham "los niños de nueve y diez años eran arrastrados desde sus camas a las dos, tres, o cuatro de la mañana y forzados a trabajar por un salario de hambre hasta las diez, las once o las doce de la noche, sus cuerpos se reducían a la nada, sus caras blancas y la piel pegada a los huesos, era completamente horrible verlos". El magistrado Broughton Charlton, cuyas palabras acabamos de citar, consideraba el sistema como "salvaje esclavitud social, física, moral y espiritual".