La santa sede y la ciudad del vaticano forman una unión personal al estar ambas representadas por el papa, de acuerdo a la ley fundamental orgánica del estado de la ciudad del vaticano, del 7 de junio de 1929, que reza: El sumo pontífice, Soberano del estado y de la ciudad del vaticano, tiene la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.