Al inicio de la informática, el software era un componente más. El programa se consideraba un «arte», para el que no existían métodos, era un procedimiento que se realizaba sin planificación alguna.
Para entonces, todo el programa se desarrollaba con las dimensiones propias para cada necesidad concreta, y por consiguiente, normalmente tenía muy poca difusión, por lo que, solo quien lo necesita, escribía sobre el asunto y este mismo se encargaba de mantenerlo.