En octubre de 2006, un grupo de portaaviones de la Armada estadounidense, encabezado por el USS Kitty Hawk, de trescientos cinco metros, surcaba confiado el mar de la China Oriental entre el sur de Japón y Taiwán, metiéndose donde nadie lo llamaba, cuando sin previo aviso un submarino de la Armada china emergió en medio de la procesión.