Augé se interesa no tanto por la banalización y la degradación de la calidad de los diseños en la sobremodernidad, como por la proliferación de áreas utilitarias insertas en el cambio de escala espacial de la globalización, con la consiguiente aceleración de la circulación y la superposición de temporalidades; espacios sin carácter propio, desvinculados del territorio, que favorecen el anonimato real de la persona, pese a que puedan crearse identidades provisionales en espacios de tránsito o breve estancia (“el no lugar es el que crea la identidad compartida de los pasajeros, de la clientela o de los conductores”).
Augé analiza cómo los no lugares afectan la vivencia de la temporalidad y crean relaciones contractuales.