también llamada magia de contacto, se basa en la idea de que los objetos que han estado en contacto con una persona conservan un vínculo con ella, incluso después de ser separados. Se cree que cualquier acción realizada sobre estos objetos, como cabellos, uñas o prendas de vestir, puede afectar directamente a su dueño. Esta creencia ha estado presente en muchas culturas, donde chamanes y brujos han utilizado restos personales para curar, proteger o dañar a alguien mediante rituales específicos.