Esa síntesis se encuentra en su definición del alma como «la forma sustancial del cuerpo»[16], una expresión de gran densidad, que ha tenido mucha influencia a lo largo de los siglos, y quiere decir lo siguiente: la forma es el principio que da vida y organiza al cuerpo (psique aristotélica), pero, al ser sustancial, es decir, algo que permanece a través de los cambios, es capaz de seguir existiendo después de la separación del cuerpo (Platón). Además implica una unidad intrínseca entre cuerpo y alma distanciándose en este punto de la posición platónica. El cuerpo –aunque inferior al alma– es bueno y, por otro lado, el alma humana, sola, no tiene sentido porque está pensada para informar un cuerpo.