Se comienza a evidenciar una mayor madurez y estabilidad emocional, exteriorizada en actitudes que demuestran mayor comprensión sobre la realidad social, sobre la propia vida afectiva y sobre las expectativas socia les acerca de los roles que deben asumir los adolescentes. Aparece una personalidad social o identidad incipiente, caracterizada por la definición de intereses, posturas personales y estilos personales que se ponen a prueba o ensayan en el proceso de ir definiendo la identidad social que lo distinga, dinámicas propias de los procesos de individuación, o construcción de sí mismo
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