En sus obras morales resulta singularmente clara la tendencia del autor al montanismo: una ética particularmente rigurosa es ya visible en los textos morales del periodo de ortodoxia, como en el citado Sobre los espectáculos, y se acentúa luego hasta llegar a la proclamación de doctrinas francamente opuestas a las de la Iglesia, como ocurre en Sobre la exhortación a la castidad (207), en la que las segundas nupcias aparecen resueltamente condenadas como adulterio, en De la corona del soldado (211), obra en la cual el autor niega la licitud del servicio militar para el cristiano, o en Sobre la huida en la persecución (hacia 212), que, según las enseñanzas montanistas, afirma no estar permitida a los adeptos del cristianismo la huida para librarse de la persecución, criterio del que anteriormente no había sido partidario Tertuliano.