En España, esta crisis supuso un alza continua de los precios, un retroceso del turismo, que redujo la entrada de divisas, una disminución de las inversiones extranjeras y el regreso de muchos emigrantes. Esta situación afectó, sobre todo, al sector industrial y muchas empresas quebraron, lo que generó un aumento del paro. En consecuencia, a partir de 1975, los índices de crecimiento de la economía española se frenaron bruscamente: la inflación llegó hasta el 26% anual y el paro no dejó de aumentar.