Los magiares no constituyeron una nación, Geysa en el 975 dio el primer paso a la unión, su hijo Valk, bautizado como Esteban, dio el paso definitivo al someter poco a poco a las diversas tribus magiares bajo su autoridad. Así, Esteban se convirtió en el símbolo de la unidad húngara, a tal punto que a fines del siglo XI, el Papa lo santificó.