La época helenística se caracteriza por el ascenso de Alejandro Magno (356-323 a.C.), un destacado líder militar que conquistó ciudades griegas, el Imperio persa y extendió su dominio hasta el río Indo. Alejandría, ubicada en Egipto, se convirtió en la ciudad más importante de este periodo. Durante esta época, la cultura griega experimentó un mestizaje al interactuar con civilizaciones como la egipcia y la mesopotámica.
La muerte de Alejandro marcó una transición significativa entre el declive de la cultura clásica griega y el ascenso del poder romano, que dividió su imperio en cuatro zonas bajo el control de sus generales. Finalmente, tras vencer a los griegos en la batalla de Corinto (146 a.C.), Roma convirtió a Grecia en un protectorado, aunque ya había asimilado su cultura, religión y lengua.