Atenas y Esparta: fueron las dos polis más importantes de la Grecia continental, pero tenían formas muy diferentes de entender la sociedad. Mientras que Esparta se enfocaba en la educación militar de sus ciudadanos, con un sistema riguroso y una estructura política gobernada por dos reyes, Atenas se destacaba por su énfasis en la democracia y la cultura. Estas diferencias generaron una rivalidad que culminó en la Guerra del Peloponeso. La Atenas de Pericles, que en un principio parecía victoriosa, se vio debilitada por una peste que devastó a la ciudad, lo que permitió a Esparta imponerse.
Tras la victoria espartana, los espartanos establecieron en Atenas el gobierno de los Treinta Tiranos, poniendo fin a la hegemonía ateniense. Este periodo de debilidad de las polis griegas fue aprovechado por Filipo II de Macedonia, quien, tras vencer en la batalla de Queronea, logró imponer su dominio sobre toda Grecia, sentando las bases para el ascenso de su hijo, Alejandro Magno.