La ingravidez afecta nuestra orientación en el espacio y nos exige adaptar a las nuevas condiciones muchos de nuestros procesos fisiológicos, principalmente los relacionados con nuestro sistema de equilibrio. Cuando el ajuste no es completo, se producen náuseas, mareos, vómitos, dolores de cabeza, fatiga, malestar general, alucinaciones visuales y desorientación en el espacio.
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