Jesús “libera al hombre de una imagen oprimente de Dios”, pues “experimenta a Dios como una potencia que abre futuro, que es contraria al mal, que solo quiere el bien, que se opone a todo lo que es malo y doloroso para el hombre… y, por tanto, quiere redimir la historia del dolor humano” (Pagola, 2010).
Él enseñó que el amor y la misericordia eran fundamentales para entender a Dios y la vida espiritual, destacó que todos, sin importar su clase social o religión, podían acercarse a Dios con sencillez y sin temor, rompiendo así las barreras sociales y religiosas de ese tiempo y mostrando una nueva forma de relación con Dios.