Ananías y Safira practicaron el fraude en su trato con Dios; mintieron al Espíritu Santo y su pecado fue castigado con un juicio rápido y terrible.
Cuando Ananías vino con su ofrenda, Pedro le dijo: “Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.”
Este ejemplo del aborrecimiento de Dios por la codicia, el fraude y la hipocresía, no fue dado como señal de peligro solamente para la iglesia primitiva, sino para todas las generaciones futuras.