1 La novela comienza con la presentación en primera persona de Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne. Asegura que su crimen es recordado por todos.
2 uan Pablo interpela a sus lectores. Asume que deben estar preguntándose qué fue lo que lo motivó a narrar la historia de su crimen. Él responde que lo hace por vanidad y que eso no lo hace especial, porque todas las personas.
31 Castel deja de arrepentirse por el asunto de la carta. Reflexiona acerca de las numerosas veces en que le sucedió de luchar incesantemente contra un obstáculo, luego aceptar con rabia la derrota y las elecciones del destino. Se va del Correo y se dirige hacia la Recoleta, que le trae a la memoria momentos compartidos allí con María. Ahora se lamenta de nuevo y dirige su odio hacia él mismo.
:
3 Castel dice que hará el intento de relatar cómo conoció a María Iribarne, qué relación tuvieron y cómo se decidió a matarla de la forma más imparcial posible. Comienza con su primer encuentro en el año 1946, en el Salón de Primavera, un espacio de exposiciones plásticas
4 A l principio del capítulo Castel nos cuenta que una tarde vio a la mujer por la calle. Pero en vez de relatar el encuentro, se demora en describirnos las diferentes formas en que había imaginado ese momento. Nos cuenta que había pensado en hallarla en otros salones de pintura, pero abandonó esta posibilidad porque él nunca asiste a este tipo de reuniones.
5 En este capítulo, Castel continúa explicando las variantes imaginadas de aquel encuentro. Como descartaba la posibilidad de encontrar a la mujer en una exposición, barajó la opción de que fueran presentados por un amigo en común. No obstante, también deshechó esta alternativa porque le avergonzaba la idea de contactarse con todos sus conocidos para describirles a la mujer y ver si alguno la conocía.
6 Castel reanuda el relato de su azaroso encuentro con la mujer, que nos anticipó al principio del capítulo 4. Al verla caminar por la calle, todas las opciones que barajó se le amontonan en la cabeza. Luego recuerda que es ella quien debe dar la iniciativa, e incluso considera que con esto la pondrá a prueba. Juan Pablo la sigue por la vereda opuesta a lo largo de unas cuadras sin saber qué hacer, hasta que la mujer entra en el edificio de la Compañía T.
7 Este capítulo se demora en todo lo que Castel piensa mientras busca de nuevo a la mujer. Primero, se da cuenta de que se equivocó al asegurar que ella trabajaba en aquel edificio, ya que podía estar allí de visita, por algún trámite. En consecuencia, entra de nuevo para ver si puede dar casualmente con ella. Sube en el ascensor y vuelve a bajar, temiendo que alguien detecte en él un comportamiento anormal, pero se tranquiliza al notar que nadie nota nada extraño.
8 Castel se dirige a su casa profundamente deprimido. Admite que en ese momento le cuesta pensar con claridad, pero que necesitaba ordenar sus ideas y clasificarlas para no perder la cordura. Reflexiona y considera que existe la posibilidad de encontrarla de nuevo en el mismo lugar al día siguiente. Cuando llega a su hogar, siente que su corazón le late con violencia ante la perspectiva de volver a verla, pero también se siente desolado por la posibilidad de que esto no suceda.
9 Al día siguiente ve salir a la mujer del subterráneo en dirección al edificio. La intercede y la agarra de un brazo con brusquedad. Ella no ofrece resistencia y Castel la arrastra hasta la plaza San Martín.
Allí tienen un primer diálogo de silencios y preguntas sin responder. María se muestra distante y seria, mira fijo hacia otro lado. Juan Pablo percibe en ella cierta madurez espiritual que no se corresponde con su físico joven. Él le dice que necesita mucho de ella, a lo que María le responde que ella no es importante,
10 Castel confiesa que no recuerda qué fue lo último que le dijo a María al final de ese primer diálogo, y reconoce que su memoria tiene a veces lagunas inexplicables. Esa misma noche la llama por teléfono a su casa. Atiende otra mujer, una empleada doméstica. Castel pregunta por la señorita María Iribarne. Percibe que la mujer vacila antes de pasarle el teléfono a María, quien lo atiende con un tono que Juan Pablo considera “oficinesco”
11 Aquella noche Castel sale a la avenida Corrientes, la zona más ajetreada de la ciudad de Buenos Aires. Recuerda que al principio del relato se propuso narrar los hecho con imparcialidad, y por eso confiesa que, aquella vez, el desprecio que suele sentir por la humanidad se suspendió momentáneamente.
12 A la mañana del día después de su primer encuentro, Juan Pablo llama a la casa de María y se entera que ella se fue al campo. Inmediatamente, empieza a conjeturar sobre por qué se fue, decepcionado por no poder verla. Le avisan que María dejó una carta en la casa y él va a buscarla. Cuando llega, un criado lo hace pasar a una sala llena de libros. Allí se encuentra con un hombre ciego, quien se presenta como el señor Allende, esposo de María.
13 En este capítulo, Castel desarrolla todas sus conjeturas sobre lo que ha pasado hasta ahora. Empieza analizando el primer llamado telefónico, cuando surgieron sus primeras sospechas. Cree entender ahora por qué la mucama que lo atendió vaciló cuando él preguntó por la “Señorita Iribarne”, dado que María es una mujer casada. Sin embargo, como no lo corrigió, Juan Pablo deduce que la empleada debe estar acostumbrada, lo que significa que María debe recibir este tipo de llamadas con frecuencia.
14 En este capítulo breve, Castel cuenta que los días siguientes a este descubrimiento son agitados. Quiere saber cuándo volverá María de la finca y le envía una carta desesperada, preguntándole por su regreso y pidiéndole que lo llame en cuanto esté en Buenos Aires. Cuenta también que en esos días tiene un sueño en el que visita, de noche, una casa vieja y solitaria que le resultaba familiar, como si allí se conservaran los recuerdos de su infancia.
15 Castel se siente perdido en la oscuridad de sus pensamientos hasta que recibe una carta de su amada. En esta carta, María construye una imagen de sí misma como la de la mujer en la ventana del cuadro: solitaria, observando el mar. Interpela a Castel y lo trata con intimidad. Cree que él adivinó con su pintura la forma de su ser, pero cierra la carta diciendo que la imagen de Juan Pablo se ha interpuesto entre ella y el mar.
16 Después de un desesperado intercambio de cartas breves, en las que Castel le confiesa que la quiere y ella le dice que teme hacerle daño, se vuelven a encontrar cuando María regresa del campo. Se citan nuevamente en una plaza mientras anochece, y hasta se quedan a oscuras. Castel se siente feliz de volver a verla, pero el reencuentro no llega a hacer lo que espera. La conversación se entorpece con las preguntas demandantes de Juan Pablo y los silencios de María.
17 Juan Pablo cuenta que durante más de un mes se vieron con frecuencia. Recuerda esos días como maravillosos y horribles a la vez. María visita su taller regularmente. Allí, se suceden escenas similares a las del fósforo, en las que Castel duda de su amor. Es entonces cuando quiere poner a prueba su vínculo a través del acto sexual. Pero esto solo le trae más dudas: Castel cree que María finge el placer y eso lo angustia y lo llena de sospechas.
18 En este capítulo, Castel recupera un diálogo que tuvo con María, en el que él le pregunta sobre la primera conversación telefónica que tuvieron. Como si se tratara de un interrogatorio, Juan Pablo trae sus “pistas” y María las desestima como tales. Él le pregunta por qué la criada vaciló cuando él la llamó “señorita”, y ella le responde que no eso tiene ninguna importancia.
19 Continúa este capítulo con otra conversación, esta vez sobre el esposo de María, Allende. Castel quiere saber si alguna vez lo amó y si lo ama todavía. María nota que este diálogo entorpecido ya lo tuvieron muchas veces de forma casi idéntica. En efecto, Castel la interroga para saber hasta qué punto María es capaz de engañar. La presiona entonces hasta que ella admite que todavía tiene relaciones sexuales con su marido, aunque no lo desea.
20 Este capítulo condensa los pensamientos y las emociones que tiene Castel luego de hacer aquella acusación. Admite que se arrepiente en el mismo momento en el que pronuncia esas palabras. Tiene la sensación de ser dos personas al mismo tiempo: la que quiso herir a María y la que reconoce la torpeza y la crueldad de su acusación y toma partido por ella.
21 Castel nos cuenta el sentimiento de soledad que lo invade después de este episodio. Siente un gran desprecio por la humanidad, pero ahora que él ha protagonizado un acto mezquino se considera parte de aquello que aborrece. Entonces le viene el deseo de suicidarse. Aquel día se emborracha por la zona del puerto, en un cafetín con personas que considera repulsivas.
22 Castel cuenta lo que sueña aquella madrugada: que llega a una casa donde un hombre desconocido lo transforma en un pájaro de tamaño humano. En el sueño llegan sus amigos y no notan nada extraño. Él intenta pedirles ayuda y de su boca salen graznidos en vez de palabras, pero sus amigos tampoco notan esta diferencia, como si lo estuvieran oyendo normalmente. Juan Pablo comprende entonces que nadie sabrá nunca que ha sido transformado en pájaro.
23 Después de aquel terrible sueño, Castel se despierta y llama a la casa de María, para descubrir que se fue de nuevo a la estancia en el campo. Le envía varias cartas pidiéndole perdón y diciéndole que no merece su amor y que está condenado a morir en soledad. En la última carta le cuenta que pensó en suicidarse. María entonces le responde con una carta en la que le pide que vaya a la estancia. Juan Pablo prepara las maletas y corre a la estación de tren.
24 Al llegar, Castel se fastidia porque María no lo pasa a buscar por la estación de tren. Lo espera un chofer que le dice que la señora está indispuesta. Piensa en volver a Buenos Aires pero finalmente decide quedarse. Llega a la estancia y lo reciben Hunter y Mimí Allende, una señora afrancesada que le parece tan fea y desagradable como Hunter. Ellos reiteran que María tuvo una indisposición y que está en la cama.
25 En este capítulo atendemos una conversación, en apariencia frívola, entre Mimí y Hunter, de la que Castel no participa, pero que escucha. En primer lugar, hablan de autores rusos y de traducción; Hunter acusa el uso abusivo del francés de Mimí. Luego, se dedican al género policial, que a Mimí le gusta pero a Hunter, no. Este último cuenta que tiene una teoría sobre ese género literario: el policial es al siglo XX lo que las novelas de caballería a la época de Cervantes.
26 Cuando Mimí, Hunter y Castel salen a pasear por el parque, María aparece y se les une. Mientras conversan, Juan Pablo piensa en el vínculo secreto que existe entre ellos, y aunque esto lo enorgullece, también se vuelve a entristecer por todo lo que ha ocurrido. María le pide a Castel que le muestre unas pinturas y, con esa excusa, se apartan del resto.
27 Castel nos cuenta que, al principio, pensaba quedarse varios días en la estancia, pero que se marcha temprano al día siguiente de su llegada. Esto se debe a lo que narra a continuación.
María y Castel se dirigen a un acantilado que da al mar. Mientras pasean, Castel se sorprende por el modo en el que María disfruta de la naturaleza, aunque luego se entristece porque él no comparte aquel goce. Cuando llegan al acantilado, María empieza a contarle lo mucho que deseaba estar con él en ese lugar.
28 De regreso en la estancia, encuentran a un Hunter muy agitado. Mimí se ha ido. Durante la cena, los tres hablan muy poco. Castel supone que Hunter está celoso porque se dirige con hostilidad a ambos. Entonces Juan Pablo pretexta cansancio, se dirige a su habitación y finge cerrar su puerta, pero se queda oyendo la conversación entre María y Hunter. No distingue sus palabras pero percibe la agitación de Hunter. Luego, escucha que suben a los dormitorios y percibe pasos de mujer frente a su cuarto. Después no oye nada más.
29 Castel cuenta que los días que preceden a la muerte de María son los más atroces de su vida. No recuerda todos los detalles de esa experiencia, porque pasa una parte de ese tiempo alcoholizado. En su memoria se entremezclan imágenes de la estancia, de los bares de mala muerte a los que va y unas pesadillas que tiene, en las que camina por los techos de una catedral. Entre estos recuerdos aparece la figura de una mujer “inmunda” a la que le pega un puñetazo.
30 En seguida, Juan Pablo se arrepiente de haber despachado la carta. Se da cuenta de que en su escrito no ha explicado por qué dedujo que María era amante de Hunter. Tampoco sabe qué quería lograr exactamente con sus hirientes palabras. Admite que su hipótesis sobre el amorío entre Hunter y María era solo eso, una hipótesis, y no un hecho corroborado. Vuelve entonces al Correo pero sin el recibo del envío, que ha perdido.
32 Aquel día es una tortura para Castel. Siente entonces un odio impreciso que cree dirigido hacia sí mismo. Vuelve a beber mucho en un bar, en donde se apodera de la mujer “más depravada”, y se pelea con un marinero. Luego lleva a la prostituta a su taller y, cuando están en la cama, observa en ella una expresión que alguna vez vio en María. Se desespera, le grita a la mujer “puta” y la echa de su casa, arrojándole dinero.
33 Aunque Castel está seguro de sus conclusiones, sabe que no las puede demostrar. Por eso se le ocurre conocer la opinión de otras personas. Decide entonces encontrarse con Lartigue, un escritor al que desprecia, pero que es amigo de Hunter. Mientras hablan de sus poemas le pregunta hace cuánto que María Iribarne y Hunter son amantes, a lo que el hombre le responde que de eso no sabe nada.
34 Mientras Castel espera a María en la Recoleta, se siente ensimismado con el recuerdo de aquellos días en los que creía que su amor era eterno. Piensa que se puede contentar con el poco amor que le queda, y ese espíritu de modestia lo llena por un instante de alegría. Pero María no llega. Juan Pablo telefonea a su casa y descubre que María ha vuelto repentinamente a la estancia por un llamado de Hunter, y que no volverá hasta dentro de una semana.
35 Mientras conduce hasta la estancia piensa en María como si fuera alguien detrás de un muro de vidrio, alguien a quien puede ver pero que no puede oír ni tocar. Se llena de amargura al pensar que María eligió estar con el cínico y frívolo de Hunter en vez de estar con él para hablar de cosas oscuras y ásperas. Llega a la estancia a las 10 de la noche, ve que en la casa las luces están encendidas. Juan Pablo se oculta en un lugar del parque a la espera de que María y Hunter salgan a dar un paseo nocturno después de cenar.
36 En aquel momento de larga espera, que no sabe cuánto tiempo real dura, Castel construye una imagen de su soledad y de su comunicación con María, que a su vez le trae recuerdos de su infancia. Imagina que los dos vivían en pasadizos o túneles paralelos, uno al lado del otro, como almas semejantes. Ellos no sabían de la existencia del otro hasta que el muro se convertía en un muro de vidrio que les permitía verse.
37 Después de un tiempo que Castel siente interminable, ve salir a María y a Hunter tomados del brazo. Piensa con amargura que María sabe que él, en este momento, debe estar bajo un tormento, y sin embargo allí la ve, disfrutando de la noche con Hunter, un “monstruo ridículo”. También llega a preguntarse si el monstruo ridículo no es él.
38 Luego de lo que Castel considera un tiempo prolongado, ve que la luz se enciende en el dormitorio de María. Empapado por la lluvia y con un cuchillo en la mano, el mismo que usó para destruir sus pinturas, trepa hasta la planta alta de la casa y llega a hurtadillas a aquella habitación. María lo ve y le pregunta qué va a hacer, a lo que Juan Pablo responde: “tengo que matarte, María. Me has dejado solo”.
39 En estos meses de encierro ha pensado mucho en la palabra “insensato” de Allende, sin poder entender su verdadero significado. Piensa que si alguna vez llega a comprenderlo, podrá explicarse por qué Allende se suicidó.