Smith-Crowe y Warren (2014) plantean el modelo de la corrupción colectiva a través de la emoción evocada para analizar el papel de las emociones en el comportamiento corrupto. Basándose en una sería de investigaciones previas ellos llegan a establecer que a pesar de que las violaciones a reglas formales e informales, dentro de las organizaciones, puedan generar “ambigüedad moral”, “sentimientos de culpa o vergüenza”, etc., también pueden ocurrir cambios en la manera de sentir y pensar para estar en “sintonía” con los actos corruptos y, de esa manera, potenciar la espiral de conductas corruptas dentro de la organización.