Tras la emancipación de las colonias americanas en las primeras décadas del siglo XIX, España mantuvo bajo su control las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
La existencia de un movimiento independista en Cuba motivó una larga guerra iniciada en 1868 que condujo a la concesión de un estatuto de Autonomía para la isla en 1897. Sin embargo, tal estatuto no llegó a aplicarse en su totalidad, pues el 19 de abril de 1898 Estados Unidos declaró la guerra a España, alegando la responsabilidad española en el hundimiento del acorazado Maine en el puerto de Santiago de Cuba. La marina norteamericana, mucho más moderna y equipada, derrotó a la española en Filipinas (el 1 de mayo) y Cuba (el 3 de julio).
El 10 de diciembre de 1898 se firmó el tratado de paz por el que se concedía la independencia a Cuba, mientras que Puerto Rico y Filipinas pasaban a estar controladas por Estados Unidos.