USO CONVENCIONAL: «terruco» se originó en la región de Ayacucho y, nos inclinamos a pensar, por un proceso espontáneo de creación popular. Pero hacia 1983, si no antes, esa expresión ya había empezado a ser usada de manera consistente por las fuerzas del orden. Con el correr del tiempo, el término pasó a convertirse en una expresión de uso común en casi todo el país y en diferentes tipos de contextos. Era empleado en conversaciones privadas y cotidianas, pero también solía aparecer en la prensa escrita de la época. Expresiones comunes en esos días, como «pareces terruco» o «tiene pinta de terruco», revelan las asociaciones que se establecían entre «terroristas» y ciertos rasgos físicos, como veremos más adelante. Poco a poco, el término fue convirtiéndose en una expresión multivalente y que podía adaptarse a otros usos. Niños inquietos, por ejemplo, eran llamados —afectivamente, se entiende— «terruquitos». El empleo de la expresión llegó también, inevitablemente, a la literatura, y aparece en cuentos como el de Nieto Degregori antes citado y en las novelas Lituma en los Andes (1993), de Mario Vargas Llosa, y Rosa Cuchillo (1997), de Óscar Colchado, entre muchas otras.35
ESTIGMATIZAR, EPITETO TERRUCO: El epíteto de «terruco» y su poder estigmatizador fueron empleados agresivamente contra quienes trabajaban en la protección de los derechos humanos o en la defensa legal de los detenidos. Los abogados de aquellas personas acusadas de terrorismo eran considerados simplemente «abogados de terrucos» y, por lo tanto, ellos mismos también, de alguna manera,
MUJERES: Mujeres de toda edad que buscaban información sobre sus familiares eran constantemente abusadas verbal y físicamente cuando visitaban estaciones de policía o cuarteles militares: «vieja terruca, te voy a abalear», «fuera de aquí vieja terruca», son algunas de las expresiones que aparecen en los testimonios recogidos por la CVR
FAMILIARES: La familia entera empezó entonces a ser llamada «familia de terrucos» y «terrucos de mierda».38 Los parientes de detenidos organizados en la ANFASEP (Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú) fueron «percibidos y estigmatizados como familiares de “terrucos” y por lo tanto sus demandas silenciadas y tergiversadas».39 PÁG 18
"CAER": Conocer a alguien que «había caído», como se decía en esos años, fuera culpable o inocente, generaba una intensa ansiedad debido a las posibles conexiones que la policía o el ejército iban a establecer