Tras la caída del Imperio Romano, el actual territorio Italiano quedó fragmentado en diversos estados independientes que durante siglos no lograron conformar una unidad política. Por el tratado de Viena de 1815, Italia quedó dividida en 7 estados independientes, a pesar de pertenecer todos a una misma raza, tener el mismo credo y tener el mismo pasado histórico. Es en la segunda mitad del siglo XIV que el anhelo nacionalista y de unificación que agitó Europa tomó fuerza en Italia. Es así como los Estados Italianos después de vencer muchas dificultades y gracias a la sacrificada y heroica acción de muchos de sus patriotas lograron unificarse, formando así una sola nación.