Esta fragmentación política lleva consigo una peculiaridad lingüística, que va dando origen a diferentes dialectos: por un lado, el asturiano, el gallego-portugués y el leonés, que será el dialecto predominante entre los siglos VIII y X; por otro, el navarro-aragonés y el catalán, muy influenciado por el provenzal;
en el centro, el castellano, donde el romance evoluciona con una mayor rapidez. Además, al sur, dentro del territorio dominado por los árabes, se encontraban los dialectos mozárabes, que eran muy arcaizantes.