De este modo, Australia sólo consiguió alcanzar el millón de habitantes en 1858, iniciando a partir de entonces una expansión ininterrumpida que, aunque sometida a fluctuaciones coyunturales, representó una tasa media anual de incremento próxima al 2 % hasta mediados de los años setenta, para caer por debajo del 1 % desde comienzos de los noventa, con el consiguiente envejecimiento de la pirámide demográfica, menos acusado por el momento que en otras áreas desarrolladas