Sin embargo, el aire nunca está completamente seco, sino que contiene cierta cantidad de vapor de agua, y se halla en una proporción muy variable. El aire tampoco está completamente limpio, sino que lleva partículas sólidas en suspensión: polvo, granos de polen, cenizas volcánicas, etc...
La tierra primitiva debía de tener una atmósfera similar a la de los planetas más cercanos. Todo empezó a cambiar con la aparición de los primeros organismos capaces de hacer la fotosíntesis. Entre ellos abundan unas bacterias que consumían dióxido de carbono para formar materia orgánica y para formar roca caliza.