Ingesta crónica de alcohol, infección crónica por virus B y C de la hepatitis, obesidad, dislipidemia y la hiperglucemia, pacientes con enfermedades autoinmunes, enfermedades metabólicas genéticas, obstrucción biliar, alteraciones vasculares, uso crónico de medicamentos hepatotóxicos y el desarrollo de cirrosis hepática.