La pintura mural en Teotihuacán destaca por su belleza, por ser el lugar de mesoamérica con mayor número de frescos y por las técnicas empleadas. Estas se basaban en utilizar productos derivados de la hematita, la limonita, la goetita, la giobertita y la malaquita, aplicados sobre una base de cal y arena de cuarzo, que hacía destacar increíblemente los colores. Otra característica es que no existían ni las sombras ni la perspectiva: los elementos más lejanos se situaban en la parte superior. El tamaño tampoco indicaba profundidad, sino que servía para diferenciar los personajes más importantes.
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