La lucha por la justicia, por una sociedad mejor, sin miedo a oponerse los más poderosos, es el principio motor de profetas como Amós, Miqueas, Isaías, Ezequiel... todos ellos revolucionarios late el deseo de muchos cristianos de justificar opciones políticas e incluso de atacar la institución eclesiástica y de valentía evangélica y de opción radical por los más pobres.
El profeta
El profeta es un hombre amenazado. Le amenaza el fracaso apostólico, gastarse en una actitud que no encuentra respuesta en los oyentes. Se enfrentan a situaciones duras, incluso a la persecución, cárcel o muerte.
Hombre público. Transmite la palabra de Dios con los demás. Su lugar es la calle o la plaza pública entre otras donde el mensaje es más necesario y la problemática más acuciante
La profecía es un carisma. Como tal, rompe con todas las barreras
Hombre inspirado. Hablar o escribir y predicar la palabra del señor, le comunica personalmente, cuando quiere,, sin que el pueda negarse a proclamarla. Sigue proclamando la venida del mismo.