Un collar obsequiado por un ser querido, un vestido de bodas, un juguete de la infancia, una postal, un retrato, entendidos como objetos emocionales, permiten cubrir un espectro más amplio de actores y adoptar una definición de emoción centrada en la interacción social, que entiende que lo que llamamos “emoción” no es una entidad discreta que se pone en juego en dicha interacción, sino el resultado de ese proceso que ayuda a constituir