Alexander Fleming inventó la Penicilina en 1928 y no se empezó a utilizar hasta 17 años después. La penicilina fue el primer antibiótico descubierto y a día de hoy se sigue utilizando con frecuencia. Se trata también de un bactericida que bloquea la síntesis y reparación de la pared bacteriana, por lo que es de amplio espectro.
Afecta especialmente a neumococos, estreptococos, estafilococos, gonococos y espiroquetas. Es útil para tratar las siguientes afecciones: neumonía, meningitis, faringitis, amigdalitis, sinusitis, otitis, septicemia, osteomielitis, endocarditis, gonorrea, difteria, tétanos, sífilis, etc.