Las fortificaciones, como toda muestra de la arquitectura de un momento histórico y cultural específico, son producto y muestra del periodo en que se construyó, así como de la forma en que fue transformada en la evolución consecuente. Como todo elemento material, la falta de actividad humana tiene como consecuencia la ruina del edificio; en el polo opuesto tenemos la presencia humana y las necesarias reparaciones y reformas para adecuarlo a nuevos menesteres y necesidades, y los dos forman parte de la natural evolución en el tiempo. Sin embargo, puede criticarse que las necesidades de la época han llevado a acciones que podrían considerarse extremas; así, por ejemplo, la destrucción de centros urbanos como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial en Europa llevó a restauraciones y reconstrucciones masivas de los centros históricos de las ciudades afectadas incluidas fortificaciones prestigiosas.