Así pues, con el fin de lograr una óptima y duradera reserva de entrenamiento es recomendable:
1.Comenzar el entrenamiento a edades tempranas, de modo que las reservas de entrenamiento puedan estar disponibles cuando el deportista alcance su madurez como competidor. El entrenamiento debe tener continuidad a lo largo de todo el año, y han de evitarse los períodos prolongados de inactividad. Entre temporadas debe producirse una transición, durante la que se trabaje con cargas reducidas, sin cesar completamente el entrenamiento.
2.Ajustar las cargas de entrenamiento a las máximas recomendables en cada momento. Un año de entrenamiento de baja carga producirá un efecto acumulativo de entrenamiento insuficiente, mientras que un exceso de carga podría tener como consecuencia un "sobreentrena- miento". Las cargas máximas usuales de entrenamiento dependen de la edad y aumentan progresivamente con el paso de los años. Las cargas máximas anuales de entrenamiento también difieren en su distribución y cronología, ya que dependen de la capacidad del deportista. Esto con- lleva que, cada año, se produzca un aumento progresivo, gradual, del entrenamiento hasta que se alcanza una edad o una capacidad en la cual las cargas de trabajo pueden llegar a ser relativamente estables.