Destaca la intencionalidad. No existe consenso sobre los propósitos que persiguen los agresores cuando tratan de herir a otros. La agresión, puede perseguir diferentes propósitos: obtener algo, coaccionar a otro tratando de enseñarle lo que no debe hacer y así evitar que haga cosas que molestan, expresar poder y dominio, e incluso tratar de impresionar al otro y demostrarle que se es alguien respetable. Conductas como pegar a otros, dar golpes, pellizcos y empujones, burlarse, amenazar o insultar, tener rabietas, destruir la propiedad ajena, impedir que otra persona pueda alcanzar su objetivo o utilizar palabras inadecuadas para llamar a los demás, son ejemplos de conductas agresivas.