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Rubiales. Capítulo 4. Templos y claustros - Coggle Diagram
Rubiales. Capítulo 4. Templos y claustros
Los rostros de la iglesia
De todos los espacios administrados por la iglesia el templo era sin duda el de mayor actividad e incidencia en la vida social.
A menudo, sin duda, el goce estético se confundía con el sentimiento religioso.
Thomas Gage opinaba que el pueblo concurría a las iglesias más por el deleite de la música que por el gozo de servir a Dios.
Un tema central de muchos sermones fue el de la necesidad de ofrecer sufragios por las almas del purgatorio.
Si bien algunos predicadores destacados daban a la importancia su sermones para que la gente los comprará y los leyeran sus casas, la mayoría eran piezas efímeras que se perdieron en el olvido.
La Iglesia era vista como un teatro y muchos oradores utilizaban técnicas dramáticas para atraer la atención del público las cuales aprendían en los libros de retórica.
Los templos y el clero secular
Algo que fue un timbre de orgullo para los cronistas Criollos fue el gran número de templos y conventos de la ciudad, lo bellamente decorados que estaban y la riqueza que poseían.
El orden social, considerado como divino, separaba los habitantes en clérigos y laicos y en este los primeros eran superiores por ser los representantes de Dios.
La iglesia no era una unidad que actuaba de manera uniforme; existían dentro de ella dos grandes sectores: el clero secular y el clero regular.
Las monjas vivían perpetuamente encerradas mientras que los sacerdotes podían salir a la calle pues administraban la religión a la población Blanca, mestiza e indígena de la ciudad.
Con toda su variedad las instituciones eclesiásticas tenían algo en común: su importancia ideológica, que era la base de su poder. Gracias a ese poder ideológico las instancias eclesiásticas contaban con un gran poder político y económico.
Por su actividad ideológica, política y económica la iglesia tenía una extraordinaria importancia social.
Los conventos masculinos
En la Ciudad de México desarrollaban su actividad 12 órdenes religiosas masculinas de muy diferente procedencia y espiritualidad.
El primer ámbito al que llegaban los jóvenes que pretendían pertenecer a la comunidad religiosa era el noviciado. El ingreso al noviciado no requería pago alguno, únicamente la manifestación de la voluntad, tener pleno uso de las facultades físicas y mentales y ser hijo de un matrimonio Legítimo.
En la ceremonia realizada en la iglesia conventual se les rapaba un pequeño círculo de cabello en la coronilla y se le imponía un hábito de paño del color que distinguía a su orden, acto seguido el postulante pronunciaba los votos de pobreza castidad y obediencia que establecían todas las reglas conventuales. Sin embargo estos votos no se cumplían siempre al pie de la letra.
El convento espejo de una sociedad cortesana era un ámbito marcado por las distinciones jerárquicas y por las etiquetas.
Los colegios jesuíticos y la universidad
Las clases de bachillerato tienen de base las artes liberales
La enseñanza jesuita introdujo nuevos métodos didácticos
La universidad no depende directamente del estado ni la iglesia
El templo de san Gregorio sirvió para la educación de los indígenas
Al terminar los estudios se podía elegir entre 4 facultades: Cánones, Teología, leyes y medicina.
Los hospitales
Una de las mayores preocupaciones de las autoridades era la creación de centros para el cuidado de los enfermos.
Hasta finales del siglo xvii la Ciudad de México contaba con 11 hospitales.
Todas estas instituciones tenían como finalidad el cuidado de los grupos marginados Pues los ricos necesitaban estos servicios.
La mitad de estos hospitales eran atendidos por órdenes religiosas especializadas cuyos miembros hacían un voto de hospitalidad además de los otros tres.
El hospital de San Hipólito era el encargado del cuidado especial de los enfermos mentales y por ser único en su género recibía pacientes de toda Nueva España y de las antillas.
Claustros para mujeres
La mujer era considerada un ser débil y peligroso.
Tres instituciones de clausura para las mujeres: los monasterios de mujeres, recogimientos y orfanatos.
La principal virtud de las monjas era el recato.
Se les otorgó permiso de manejar dinero en 1672.
Los monasterios eran los únicos centros donde podían desarrollar sus habilidades intelectuales.