Estos niños y sus familias necesitan una intervención temprana ya que el niño desde su nacimiento e incluso antes, llega envuelto en informaciones negativas, que indican la posibilidad de que aparezcan secuelas. esta situación rompe las expectativas de los padres respecto al niño deseado (sano, fuerte) con que se encuentran y la realidad tras el nacimiento. Si a esto unimos que, en la mayoría de los casos, estos niños permanecen ingresados durante períodos de tiempo prolongados y por lo tanto separados de sus padres, reconocen al hijo como propio y aceptar su realidad resulta aun mas complejo.