La tendencia al achicamiento de la responsabilidad de los socios continuó, y durante el transcurso del siglo XX, se tornó habitual la aparición de sociedades anónimas de tamaño mas bien modesto (cuando, paradójicamente, existe una tendencia hacia la concentración de las empresas), cuyos límites no coinciden exactamente con el de la empresa que organizan: la sociedad es más pequeña que la empresa, o, mejor dicho, la empresa está organizada en muchas sociedades, que constituyen fragmentos de aquella: surgen las “unidades de negocios”, la sociedad unipersonal cuyo accionista es