En un estudio longitudinal que siguió a cuatro generaciones durante 23 años, las emociones negativas
manifestadas por los participantes, como el descontento, el aburrimiento, la soledad, la desdicha y la depresión disminuían con la edad. Al mismo tiempo, la emocionalidad positiva (excitación, interés, orgullo y sentido de logro) tendía a permanecer estable hasta muy tarde en la vida para luego declinar de manera ligera y gradual (Charles, Reynolds y Gatz, 2001).