Para evitar que el aumento de presión intravesical provoque el reflujo de orina hacia los uréteres, la porción final de éstos penetra en la musculatura vesical, recorriendo un trayecto oblicuo de unos 2 cm en su espesor, actuando a modo de esfínter que impide el reflujo. La inmadurez o anormalidad de esta unión ureterovesical permite el reflujo, y como resultado una parte de la orina sigue un recorrido retrógrado en la vía urinaria, lo que facilita su dilatación y el desarrollo de procesos infecciosos en la vejiga (cistitis) que, en ocasiones, alcanzan el riñón (pielonefritis).
La confirmación de la sospecha clínica de RVU se apoya en la cistografía, que tiene como objetivo adquirir imágenes de modo continuo del llenado y vaciado vesicales.
Según la vía por la que el trazador alcanza la vejiga, la cistografía puede ser directa, si se realiza instilando el trazador por sonda vesical, o indirecta, si se administra por vía intravenosa alcanzando la vejiga por vía urinaria en condiciones fisiológicas.