Las torturas psicológicas se pueden apreciar, inclusive más inhumanas que las físicas, debido a que despojan del espíritu a los hombres, y los lanzan a la nada absoluta. Igualmente, la novela es un manifiesto en contra de la petulancia, siendo el caso de Czentovic, quien mira por encima del hombro, a la mayoría de las personas por no contar con un talento para el ajedrez; y un resguardo de la humanidad, rememorada en la imagen del señor B., quien enseña hasta qué límite puede aguantar un ser humano